CANON DIGITAL


CANON DIGITAL
La Ley de Propiedad Intelectual concede derechos exclusivos a los autores de obras originales y creativas durante un determinado periodo de tiempo. Esto implica que cualquier acto de explotación de la obra (cualquier reproducción, distribución, comunicación pública o transformación) debe estar autorizada por el autor. Este principio básico nos beneficia cuando somos autores de una fotografía, un artículo o un dibujo y no queremos que reproduzcan, copien o exploten nuestro trabajo, pero nos entorpece un poco cuando queremos utilizar una obra creada por otro.
Como en toda regla, hay excepciones. Este principio básico de exclusividad, que implica que, por ejemplo, cualquier reproducción deba estar autorizada por el autor, tiene ciertos límites, y gracias a ellos la ley permite realizar ciertas reproducciones, distribuciones o comunicaciones públicas sin autorización de los autores implicados siempre y cuando se realicen cumpliendo ciertos requisitos. Por tanto, podremos realizar reproducciones de obras sin contar con la autorización del autor siempre que cumplamos lo que, básicamente, establecen los artículos 31 a 40 de la Ley de Propiedad Intelectual.
Quizá el límite a los derechos de autor más significativo de los últimos años es el del artículo 31.2, que es el de copia privada (el cual, por cierto, no es un derecho propiamente dicho, sino un límite a los derechos de los autores), que permite a las personas físicas (nunca empresas) realizar reproducciones/copias de obras sin autorización, siempre que se cumplan cinco requisitos:
  1. La obra reproducida debe estar divulgada, es decir, no puede ser inédita;
  2. La reproducción la debe realizar una persona física para su uso privado (y para nada más ajeno a sí mismo);
  3. Se debe realizar sobre obras a las que se haya accedido legalmente (poco sentido tendría permitir hacer copias sobre ejemplares o emisiones ilegales);
  4. El resultado, es decir, la copia, no puede ser objeto de utilización colectiva ni lucrativa (porque ya no sería una “copia privada”, sino “colectiva”);
  5. Se tiene que compensar a los autores por esta pérdida parcial de exclusividad.
Así, únicamente las copias que cumplan estos cinco requisitos serán legales y el resto simplemente serán reproducciones no amparadas por esta excepción y, por lo tanto, ilícitas. Parece justo un sistema en el que el creador tiene un derecho exclusivo sobre su obra, pero con determinadas excepciones (justificadas por fines culturales, de acceso a la información o de privacidad – por la imposibilidad de controlar las copias privadas que se hacen en ámbitos domésticos) y que se compense al autor por esa pérdida parcial de control sobre su obra.
Esto nos enfoca y nos hace reflexionar de que en realidad tenemos que ser mas cuidadosos con lo que manipulamos, cuando realmente no somos los autores legítimos de algo que se puede copiar y distribuir fácilmente, nos podría acarrear serios problemas pero a la vez nos hace entender que el autor merece un reconocimiento especial por el esfuerzo con el que construyo aquel material
http://www.eldiario.es/

No hay comentarios:

Publicar un comentario